Las manos que hablan

Autora: Ileana Reyes Sánchez

Fidel Castro Ruz, Líder   Histórico de la Revolución Cubana y su eterno Comandante en Jefe, es un comunicador político convincente y excepcional.
En el acto de comunicación sintetiza la veracidad de las ideas que enarbola, la coherencia con que las practica y la forma como las expone.
Integra de manera armónica la forma de decir y el contenido de las ideas y posiciones que en cada caso defiende.
Es convincente porque es auténtico. Es auténtico porque actúa como piensa, apegado rigurosamente a principios éticos de respeto a la verdad y a los otros, entre otras razones.
Sus manos hablan y la expresión del rostro las acompaña siempre.
Con su dedo índice puntualiza una idea, reafirma una posición, advierte un peligro e invita al combate.
Sus manos unidas delatan los momentos de meditación y su proverbial capacidad de escuchar. Su puño cerrado transmite e indica confianza.

Felicidades, Comandante

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Fidel y sus enseñanzas: un homenaje al Comandante

Fidel y sus Enseñanzas

Una enseñanza de Fidel que llevamos los cubanos en la sangre ante cualquier adversidad #SisePuede #HistoriadeCuba #FidelentreNosotros

Publicada por La Historia de Cuba en Lunes, 7 de agosto de 2017

 

Realizado forodebate sobre el XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo

El XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, a realizarse en La Habana entre los días 15 y 17 de julio próximos, incluirá eventos que normalmente se desarrollan, pero con la particularidad de que tratará temas concretos de Latinoamérica con la participación de mujeres, jóvenes y parlamentarios.

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Enseñarnos a sucederle con dignidad es el mayor legado de Fidel

«Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo. Si yo fuera un vanidoso, podía estar orgulloso de que aquellos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera, y ese es el momento».

Así alertaba Fidel, aquel 17 de noviembre del 2005, en el histórico discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, con motivo del aniversario 60 de su primer encuentro con el Alma Mater. Muchas veces había dirigido sus palabras a la juventud, pero quizá nunca antes abordó con detenimiento dos realidades que de forma inevitable tocaron el corazón de todo el pueblo. La primera: que por ley irrevocable de la vida algún día dejaría de existir físicamente; la segunda: «Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra». Sigue leyendo